Sunday, June 19, 2005

Ideas-online.net

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No lo digo yo, lo dijo Einstein. El tuvo una teoría. En realidad, tuvo varias. Algunas muy famosas (como la teoría de la relatividad) y otras menos. Como su teoría del futuro de las ideas que denominó The Ideation Nation, algo así como la Nación de las Ideas. Einstein vislumbraba que el futuro sería un lugar donde “la imaginación será más importante que el conocimiento”. Anticipaba que la habilidad de pensar en ideas era la manera de hacer cambiar las cosas. Y que la imaginación es la capacidad humana que justamente puede empujar a la raza humana hacia adelante. Premonición pura. Hace algunos días leí que las empresas entre las Fortune 500 están buscando personas cuyos pensamientos motiven, inspiren y gatillen las mentes de las personas a través de la imaginación para lograr cambios sustanciales. Pero esto no es nuevo, también en la década de los 60 se imploraba por un poco de imaginación, “El problema del mundo no puede ser solucionado por escépticos cuyos horizontes están limitados por las realidades obvias. Necesitamos gente capaz de soñar cosas que nunca fueron.”, sentenció John F. Kennedy. O sea, lo racional es empatable y la imaginación es incalculable. La era de los grandes pensadores parece que por fin ha llegado. ¿Pero inteligencia e imaginación son muy diferentes? En general la inteligencia opera a través de la razón. De las ciencias exactas. De lo tangible y concreto. De lo probable. De lo probado y comprobado. Del lado racional de las cosas. En cambio la imaginación juega con lo desconocido. Con lo que aún está por descubrir. Con lo que todos en general ponemos en duda e incluso ironizamos a veces. A los “imaginativos” o visionarios más de alguna vez se les ha tildado de locos. De desadaptados. De rebeldes. Que provocan problemas simplemente porque ven las cosas de otra manera. En su mayoría no siguen las reglas, sino que las rompen. Pero es gracias a ellos que el mundo avanza. Son los creadores, no los seguidores. Son los Wright, los Colon, los Da Vinci y los Einstein. Hoy los veneramos, ¿pero cómo hubiéramos reaccionado en el pasado ante sus ideas? Seguramente no las habríamos comprado. Recuerdo la serie de Ciencia-ficción Viaje a las Estrellas, cuando los protagonistas se teletransportaban o telemudaban, es decir, el guionista concibió la capacidad de transportar, de un modo casi instantáneo, desde un lugar, a otro diferente, por lejano que sea, un objeto material, o un ser vivo. Bueno, también leí hace un par de días que unos científicos australianos de la Universidad de Canberra, han conseguido en su departamento de Óptica Cuántica enviar un mensaje de sonido de alta frecuencia a una red de receptores. ¡Teletransporte hecho realidad!. Para no creerlo, ¡pero si era imposible! Sí, pero no impensable. Como dijo Picasso, “Todo lo que imaginas es real.” Pero para imaginar hay que estar dispuesto a equivocarse. Walt Disney estuvo en bancarrota varias veces antes de achuntarle al ratón Mickey. Pero eso no lo detuvo de seguir soñando. Por eso Einstein insiste, “Cualquiera que nunca haya cometido un error jamás ha intentado algo nuevo.” La pura verdad. Da susto aventurarse en lo desconocido, pero alguien tiene que atreverse. Es durante ese proceso donde surgen las grandes ideas. O según Anon, “Las mentes al igual que los paracaídas, sólo funcionan cuando abiertas.” O dicho de otra manera, cuando estamos dispuestos a escuchar lo inimaginable y a jugar el juego de la imaginación. Esta simple actitud es bastante escasa en la mayoría de la reuniones de negocios, las cuales se limitan a discutir sólo lo que se sabe: estadísticas, estudios, cifras de mercado, encuestas, etc. Y de acuerdo a esas cifras posteriormente se determinan las metas o planes de negocios. Pero rara vez, la discusión se centra en ideas sin fundamento o sin bases sólidas o concretas. ¿Qué se logra entonces? Un crecimiento moderado. Un estado prácticamente inmovilizado de las cosas. O sea, más de lo mismo. Para cambiar el estado de las cosas, es necesario un cambio de mentalidad. Racionalizar menos e imaginar más. Según Nicholas Negroponte, profesor del M.I.T., “Muchos puntos muertos en la ingeniería han sido superados por personas que ni siquiera son ingenieros. Esto se debe simplemente a que la perspectiva es más importante que el coeficiente intelectual.” Claramente la solución a los problemas depende del ingenio de las buenas ideas. Si fuéramos capaces de estimular iniciativas y técnicas de innovación que nos permitan pensar más allá de lo que son las cosas, enfocándonos en lo que las cosas son capaces de llegar a ser, seguramente podríamos lograr un salto sustancial hacia una nueva realidad. Pero mientras tanto, el pensamiento debe ser uno de los commodities de mayor valor, pero de menor uso en las organizaciones. Es irónico, porque probablemente en un futuro muy cercano, la habilidad de crear mejores ideas que aquellas de la competencia será la única ventaja competitiva que tendrán las empresas.
Tony SarrocaDirector Creativo GeneralProlam Y&R