Wednesday, June 08, 2011

Si quieres ser fuerte, hazte el fuerte.

Una de las maneras de situarse en un estado susceptible de favorecer cualquier desenlace que uno desee, consiste en comportarse «como si» ya estuviera uno en él. La eficacia de actuar «como si» es total cuando sitúa uno su propia fisiología como si estuviese ya en rendiciones de máximo rendimiento.

Si quieres ser fuerte, hazte el fuerte.

En cualquier situación, la palanca más potente de que disponemos es la fisiología, porque es rápida y no falla. Entre la fisiología y las representaciones internas existe una vinculación total; si se cambia la primera cambian inmediatamente las
segundas. Como yo suelo decir, «la mente no existe, sólo existe el cuerpo», y «el cuerpo no existe, sólo existe la mente».

Cuando cambia usted su fisiología (esto es, su postura, su patrón respiratorio, su tensión muscular, su tono), se modifican al instante sus representaciones internas y su estado.

¿Recuerda una época en que se sintiese totalmente aplastado? ¿Cómo se le representaba el mundo entonces? Cuando uno no se siente físicamente fatigado, o con debilidad muscular, o cuando padece algún dolor, percibe el mundo de una manera bastante distinta que el hombre descansado, fuerte y lleno de vitalidad. La manipulación fisiológica es un útil muy potente para controlar el propio cerebro.


El estado puede modificarse de dos maneras: cambiando las representaciones internas o cambiando la fisiología. Así pues, ¿qué hacer para cambiar de estado en un instante ? Cambiar, ¡ zas!, la fisiología, es decir, la respiración, la postura, la expresión facial, la calidad de nuestros movimientos, y así sucesivamente.

Cuando uno empieza a sentirse cansado, su fisiología le comunica esta condición mediante una serie de señales específicas: los hombros caídos, la relajación de varios grupos musculares principales y otras por el estilo. Puede uno sentirse cansado por el sencillo procedimiento de cambiar sus representaciones internas de manera que éstas le comuniquen al sistema nervioso el mensaje de que uno está cansado. Si  cambia usted su fisiología en correspondencia con el estado de la misma cuando se siente usted fuerte, ésta cambiará sus representaciones internas y le dirá cómo debe sentirse en ese momento.

Si uno se pone firme, si echa los hombros atrás y respira hondo, con inspiraciones torácicas, y levanta la vista (todo lo cual equivale a un condición de dominio de los recursos fisiológicos), no puede estar deprimido. Inténtelo usted mismo. Póngase en pie, bien erguido, cuadre los hombros, respire hondo, muévase con energía. Vea si puede sentirse deprimido en esa postura. Descubrirá que resulta casi imposible. Lo que pasa es que su fisiología le está enviando al cerebro un mensaje de atención, de vitalidad y control de los recursos. Y eso es lo que se realiza.

A veces hay personas que vienen a consultarme diciendo que no consiguen hacer una cosa. «Haga como si pudiera», les contesto, a lo que ellos suelen responder: «Pero si es que no sé cómo hacerlo». Y yo les digo: «Sitúese en la postura que adoptaría si supiera cómo hacerlo. Respire, ahora mismo, como respiraría si supiera. Ponga la cara que pondría si estuviese haciéndolo ahora mismo».

 Cuando nos sentimos fuertes y llenos de recursos ensayamos cosas que jamás intentaríamos estando asustados, débiles y fatigados. ¿Qué se puede hacer con una persona que tiembla, llora y grita, paralizada al borde de un lecho de brasas? Pues puedo intentar cambiar sus representaciones internas. Haré que piense en cómo se sentirá después de haber pasado indemne y con éxito al otro lado de los carbones. Con esto consigo que se forme una representación interna y que ésta cambie su fisiología. En cuestión de dos a cuatro segundos, la persona se halla en estado de posesión de sus recursos..., cambio que puede observarse en la respiración y en la expresión facial. Entonces le digo que camine, y la misma persona que una décima de segundo antes estaba paralizada de miedo, echa a andar con decisión sobre los carbones y palmotea de júbilo al otro lado.

Pero, en otras ocasiones, los sujetos tienen imágenes internas demasiado claras (quemarse, tropezar y caer), y éstas ocupan más lugar en su mente que la representación de cómo pasar al otro lado indemnes y con éxito. En este caso me veo precisado a cambiarles las submodalidades, lo cual, a veces, lleva más tiempo.

La otra opción (y la más eficaz cuando alguien se queda delante de las brasas, totalmente dominado por el pánico) es la de cambiar su fisiología. Al fin y al cabo, si el sujeto cambia sus representaciones internas, el sistema nervioso tendrá que cursarle al organismo la orden de cambiar de postura, modificar el ritmo respiratorio y la tensión muscular, etcétera. Siendo así, ¿por qué no ir derecho a la fuente, saltarse todas las demás comunicaciones y cambiar directamente la fisiología?

De manera que me pongo delante de esa persona que llora y hago que levante la mirada. Al hacerlo así, empezará a acceder a los aspectos visuales de su neurología, y no a los cenestésicos. Casi en seguida dejará de llorar. Compruébelo usted mismo cuando esté triste o llorando y no quiera continuar de esta manera. Levante la mirada, cuadre los hombros y póngase en un estado visual; sus sensaciones cambiarán casi al instante. Véalo en los niños. Cuando uno de ellos se haya hecho daño, hágale mirar hacia arriba y el llanto y el dolor cesarán o por lo menos se calmarán en gran medida, en un abrir y cerrar de ojos. A continuación hago que el sujeto se coloque de la manera en que lo haría si estuviera totalmente seguro de sí mismo y supiera que es posible cruzar las brasas indemne y con éxito, que respire tal como respiraría y que diga algo empleando el tono de voz de quien se siente completamente seguro de sí mismo. De este modo su cerebro recibe un mensaje diferente acerca de cómo se está sintiendo; en virtud del estado resultante, el mismo individuo que segundos antes se hallaba inmovilizado por completo se ve capaz de llevar a cabo la acción que se proponía como meta.


Lo mismo ocurre con el ejercicio físico. Cuando uno ha entrenado fuerte y se queda sin aliento, si empieza a decirse lo cansado que está o cuántos metros lleva recorridos, se sitúa en una condición fisiológica tal (como también ocurre al sentarse en el suelo o jadear) que confirma esa comunicación. En cambio, si pese a hallarse sin aliento uno hace el esfuerzo de quedarse en pie y regularizar conscientemente la respiración hasta recobrar el ritmo normal, en cuestión de pocos instantes se sentirá totalmente recuperado.

En una tribu aborigen de Australia los hechiceros practican un rito llamado «el conjuro del hueso», que consiste en lanzar un maleficio tan poderoso que la víctima sabe con certidumbre absoluta que contraerá alguna enfermedad terrible y probablemente morirá.

He aquí cómo describe el doctor Benson un caso documentado en 1925:

El destinatario del conjuro es, en verdad, un espectáculo lamentable. En pie, con la boca abierta y los ojos desencajados, fijos en el enemigo que le apunta, sus manos se alzan como si quisieran desviar el medio letal que imaginariamente invade su cuerpo. Las mejillas se hunden, la mirada se vuelve vidriosa y la expresión del rostro se altera horriblemente... Quiere gritar, pero los sonidos se ahogan en su garganta. Su boca se llena de espuma. El cuerpo empieza a temblar, con la musculatura recorrida por espasmos involuntarios. Se tambalea hacia atrás y cae al suelo. Parece un desvanecimiento, pero al cabo de pocos instantes empieza a retorcerse en mortal agonía y, cubriéndose la cara con las manos, se pone a gemir...

La muerte sobreviene al cabo de un tiempo relativamente corto.

Ignoro lo que le parecerá al lector, pero para mí es una de las descripciones más espantosas que he leído nunca. No creo que a nadie se le ocurra «modelarla». Y sin embargo, es un ejemplo bien vivido del poder de la fisiología y de las creencias. En sentido convencional, nadie le hizo ningún daño a ese hombre. Por el poder de su propia creencia, y con la fuerza de su fisiología, se creó una influencia negativa de una potencia terrorífica, que lo destruyó por completo.

En todos los casos, las representaciones internas negativas de la propia víctima fueron las culpables; por alguna razón ésta se sintió impotente, desvalida y condenada, y el resultado fue prácticamente el mismo que el de aquel rito aborigen.

Lo que me parece curioso es que, por lo visto, el lado dañino de las relaciones mente/cuerpo haya merecido más estudios y más anecdotario que el lado útil y positivo.

Dichos estudios se refieren a la influencia que nuestras expresiones faciales ejercen sobre nuestro estado de ánimo, y concluyen por ejemplo que no es del todo exacto que uno sonría cuando se encuentra bien, o que suelte la carcajada si está contento. Lo cierto es que sonreír y reír desencadenan procesos biológicos que, a su vez, hacen que nos sintamos bien. Aumenta el riego sanguíneo del cerebro y se modifica el nivel de oxígeno, junto con el umbral de estímulo de los neurotransmisores. Pasa lo mismo con otras expresiones. Componga usted su expresión facial según la fisiología del miedo, la de la ira o la de la sorpresa, y verá lo que se siente.

Nuestro cuerpo es nuestro jardín... Nuestra voluntad es el jardinero.
Uno siente lo que muestra en su cara. Si se ríe uno del dolor, interiormente no sufrirá. Si pone la cara triste, sentirá lo mismo por dentro». Los individuos que saben ponerse en estado fisiológico de franqueza, aunque estén mintiendo como bellacos, dan la misma gráfica que los que realmente hablan con sinceridad.
Un corolario importante de la fisiología es la condición de «congruencia» o «coherencia». Si yo le comunico a usted un mensaje que imagino positivo, pero lo hago con voz débil y titubeante, mientras adopto un lenguaje corporal poco definido, no me he mostrado congruente.

Si puede usted conseguir una grabación de la voz de Martin Luther King y trata de hablar como él, copiando la entonación, el énfasis y el ritmo, se sentirá invadido por una sensación de fuerza y energía jamás conocida con anterioridad. Por otra parte, una de las ventajas de leer libros debidos a personas como John Kennedy, Benjamin Franklin o Albert Einstein consiste en que nos situamos en estados similares a los de estos autores; uno empieza a pensar como ellos, a crearse el mismo tipo de representaciones internas. Pero si «duplica» su fisiología, podrá sentirse como ellos en su propia carne e incluso se comportará igual que ellos.

Si modelase usted el sistema de creencias de un atleta de primera categoría, su sintaxis y su fisiología, ¿cree que sería capaz de correr, inmediatamente después, los cien metros en menos de once segundos? Por supuesto que no. El modelado que usted realiza no es exacto, puesto que no entrega a su sistema nervioso el mismo conjunto coherente de mensajes que él, gracias a una práctica asidua, ha logrado elaborar.

Conviene tener en cuenta que algunas estrategias precisan un nivel de desarrollo fisiológico o de programación que usted no posee todavía.

Uno puede modelar al mejor cocinero del mundo, pero si trata de sacar su cochinillo asado en un horno que no tiene comparación con el del auténtico profesional, el resultado no será el mismo.

Ahora bien, si tiene usted la receta sin duda conseguirá lo mejor que se pueda hacer con el horno que tiene a su disposición.

Con el tiempo quizá consiga aumentar la potencia calorífica de su horno; es decir, que se puede obtener el mismo resultado si uno está dispuesto a pagar el precio.
Necesita usted invertir algo de tiempo en mejorar la potencia de su horno, es decir, al objeto de incrementar su capacidad de producir resultados mediante el modelado de estrategias.

Las opciones se crean prestando la debida atención a la fisiología. ¿Por qué hay quien consume drogas, bebe alcohol, fuma cigarrillos o come demasiado? ¿No será que tratan de cambiar su estado indirectamente, mediante una modificación fisiológica?

En este capítulo ha visto usted cuál es la vía directa para cambiar rápidamente de estado. Al respirar o mover el cuerpo o los músculos faciales con arreglo a nuevos hábitos, uno cambia su estado inmediatamente y obtendrá lo mismo que el vicioso, pero sin perjudicar a su organismo ni a su mente. Modelar consiste en crear posibilidades, y no existe otro camino más rápido ni más dinámico que el de la fisiología.

La próxima vez que vea usted a un triunfador, a alguien a quien admire y respete, copie sus gestos, note la diferencia y disfrute del cambio que se habrá operado en su propia rutina mental. Juegue. Experimente. ¡Las nuevas opciones están esperándole! Y veamos ahora otro aspecto de la fisiología: los alimentos que comemos, la manera en que respiramos y los nutrientes de que nos proveemos a nosotros mismos. Todo ello forma parte de...

Monday, May 23, 2011

Monday, May 16, 2011


Daniel Stamm y una imagen de 'El último exorcismo'.

Periodista Digital entrevista al director alemán afincado en Hollywood, que estrena en España 'El último exorcismo'

Daniel Stamm: "Todos los diálogos de la película son improvisados"

La cinta independiente es número uno en la taquilla americana

Gloria Scola, 06 de mayo de 2011 a las 11:49
Menos es más. Una regla de oro que a veces funciona perfectamente, y que en el caso de 'El último exorcismo' se cumple en múltiples aspectos. Porque costó 1,8 millones de dólares- cifra ridícula para una producción estadounidense- y en su estreno norteamericano no solo consiguió el número uno, sino que lleva recaudados más de 41millones -además de otros 26 en los países donde ya se ha estrenado-.
Porque precisamente por su falta de medios y su estilo casi dogma, con cámara en mano, es creíble y realista en su planteamiento. Porque cuenta con la frescura de actores desconocidos- y muy sólidos-, que no distraen y son fundamentales para que el espectador pique el anzuelo y se crea la historia. Una historia, terrorífica, sí, pero no una película de terror al uso ni en el sentido estricto del género.
El último exorcismo es más bien un thriller de intriga muy original rodado con la apariencia de falso documental. Un reverendo americano en plena crisis de fe acepta ser filmado por dos documentalistas con la intención de revelar los engaños en el ámbito de los exorcismos. Él confiesa haber realizado hasta 47 y ser un estafador lleno de trucos cutres y efectos especiales en su puesta en escena. (Algunos, todo sea dicho, bastante divertidos e ingeniosos, como el crucifijo que echa el falso humo propio de los escenarios rockeros, la cama que se mueve por control remoto o los objetos que repentinamente caen al suelo, para susto del endemoniado, y, sobre todo, de los testigos).
En definitiva, un sinvergüenza más (y muy carismático, el actor Patrick Fabian) dispuesto a que los documentalistas graben su último exorcismo, el de una niña de 16 años poseída por el diablo. Con la llegada del equipo al encuentro de la adolescente en su granja, comenzará, ahora sí, la película de terror.
Presentada en el pasado Festival de Turín, donde Periodista Digital habló allí en exclusiva con su director, Daniel Stamm (Hamburgo, 1976), la cinta llega hoy a la cartelera española. ¿Su intención última? "Poseer" al espectador, faltaría más.
¿Cómo le encontraron los productores, entre otros, Eli Roth, director de la exitosa Hostel, a su vez, apadrinada por Quentin Tarantino?
Porque por distintas circunstancias vieron mi anterior película, A Necessary Death (Una muerte necesaria), que ganó el premio del público en el AFI Fest. Trata sobre un director de documentales que pone un anuncio en internet diciendo: "Documentalista necesita suicida para filmarlo desde la fase de preparación hasta la ejecución final del acto". Tuvo muchísimo impacto en los festivales a los que fue, muchos espectadores lloraban desconsolados tras la proyección porque no sabían que era un falso documental, hubo ataques de nervios, incluso algunos me quería pegar por la dureza de la película. Los productores la vieron y me dijeron: "Queremos exactamente ese estilo para nuestra película de terror". Así que me contrataron para El último exorcismo.
Vaya. Ahora quiero ver 'A Necessary Death'. ¿Se ha estrenado?
Gracias al éxito de 'El último exorcismo', se va a estrenar ahora. La verdad es que me siento muy orgulloso de esa película. Tardamos tres años en hacer 'A Necessary Death', sin dinero, sin guión, con una cámara prestada... 150 horas de grabación y dos años de montaje.
Hablemos del taquillazo de 'El último exorcismo', que, además, estuvo nominada a Mejor Ópera Prima en los Independent Spirit Awards, ¿Se lo esperaba?
En absoluto, ¿cómo me lo iba a esperar? Me sorprendió muchísimo. Además, yo no tenía ninguna aspiración porque venía de esta experiencia con A Necessary Death, que al final costó 300.000 dólares. El último exorcismo tiene un presupuesto diminuto para los estándares de Hollywood, 1, 8 millones de dólares, pero ahora trabajo con Eli Roth... Me daba miedo que no recuperaran porque precisamente el dinero no era mío, Hostel, la película de Eli Roth, recaudó 18 veces su presupuesto. Cuando procedes de una escuela de cine, no te preocupa el dinero o si vas a dormir debajo de un puente durante el resto de tu vida. Tu mayor miedo es no poder dirigir, y basta un fracaso para que eso ocurra. El último exorcismo ha ido increíblemente bien y se ha vendido a Japón, Rusia, Inglaterra, Italia, España, Malasia... así que estoy muy contento.
Los actores son muy buenos. ¿Los eligió a través de un casting? Patrick Fabian en su papel de predicador cínico ganó el premio a mejor actor en el Festival de Sitges, y Ashley Bell, que recuerda a Manuela Velasco en REC , estuvo nominada a los Independent Spirit Awards.
Sí, con una directora de casting. Para el papel de la chica solo vi a una actriz antes, pero Ashley resultó fantástica. Es muy dulce, tiene unos ojos tristes, y aunque tiene 23 años, puede pasar por 16. Y Patrick también es genial, muy divertido. La película empieza con él dando un sermón en la iglesia. Y él dice al cámara del documental: "En la Iglesia la gente no escucha. Si les das el sermón con cierto ritmo, dicen: "aleluya". Te apuesto diez dólares a que si les digo la receta de mi madre del banana Split no se dan cuenta y dicen: Aleluya". Y efectivamente lo hacen. Y esa escena surgió en la prueba de casting durante la improvisación. Ninguno de los actores de la película leyó el guión. Todos los diálogos son improvisados porque no leyeron el guión.
¿De verdad? ¿Y cómo sabían lo que tenían que decir?
No lo sabían. Yo les decía: "En esta escena le tienes que decir al padre de la niña que su hija necesita terapia. ¡Acción!" E improvisaban.
¡Pero si ni siquiera titubean! Lo hacen genial.
Sí, es verdad. Pero también hicimos 30 tomas de cada escena y la primera escena dura 20 minutos.
Qué barbaridad. ¿Y cómo elige entre esas 30 tomas?
Bueno, las escenas cada vez son más cortas. Se rueda en vídeo, porque ruedas dos horas al día, y si fuera en cine el productor te mataría. En cine se ruedan unos cuatro minutos al día. Pero son actores, y los actores están entrenados para actuar y crear un personaje. Durante las cinco primeras tomas ofrecen su visión, en la toma décima se aproximan a tu visión, a lo que tú tienes en la cabeza, y entre la toma diez y veinte ya no haces escenas de 20 minutos, sino más cortas. Y luego están los primeros planos, ves la tensión de sus caras, su rabia...
Dirigir consiste en tomar múltiples decisiones de una forma rápida. Complicado, ¿no es así?
Lo que he aprendido es que uno no tiene todas las respuestas, no puede tenerlas, así que tiene que fingir que sí las tiene. Todo el mundo te hace preguntas, "¿cuál de estas dos bolsas de té quieres que se vea sobre la mesa, la roja o la azul?" Y la mayoría de las veces re da igual, pero si dices eso, cunde el pánico y dicen: "¡Oh, el director no sabe lo que quiere! Así que digo: "Indudablemente la roja", y dicen: "Oh, el director sabe exactamente lo que quiere". Nos pasó con la enfermera negra que sale en la escena del hospital, que tiene tres frases. La directora de casting me preguntó: "¿Quieres que sea una actriz alta o baja?" Y contesté: "Indudablemente alta". Es importantísimo decir: "Indudablemente". Y, por supuesto, jamás hacer una pausa entre la pregunta y la respuesta. Es como si una chica te dice: "¿Esto me hace gorda?". Tienes que responder inmediatamente: "No" (Sonríe).
Me encanta su explicación. Pero si le dicen: "Hemos encontrado a la actriz perfecta, pero es bajita", está usted perdido.
Es que es exactamente lo que ocurrió (ríe). A los dos días, mientras estaba en la oficina con el ordenador, oí que estaban reservando unos billetes para traer a una actriz alta de Los Ángeles porque en Nueva Orleans, donde rodábamos, y que por cierto, es precioso y cada rincón es como si estuvieras en una película, no encontraban ninguna, e iban a sacar un billete de 2.000 dólares. Así que dije: "¡No, no! ¡Era una broma!¡ Nos quedamos con la actriz bajita!". Pero cada decisión se la toman muy en serio, porque no saben si bromeas o no.
¿Es usted religioso?
No, no fui criado de una forma religiosa, sino escéptica.
¿Y cree que el público se puede sentir ofendido por el tema de la película?
No lo creo. Éramos muy conscientes de que queríamos mostrar ambas aproximaciones: el punto de vista ateo, científico, y el religioso. Hemos intentado hacerlo de la forma más elocuente e inteligente posible y cuando me preguntas si soy religioso o no, me lo tomo como un cumplido porque la película no debe revelar si soy religioso o no.
Es bastante respetuosa...
Bueno, los productores son todos judíos. Y yo soy ateo, o al menos, agnóstico. No sé si creo o no, el agnóstico es el ateo cobarde. Yo no creo, pero tampoco niego. Para los productores era muy importante ser respetuosos. Una de las primeras cosas que me dijeron fue: "Tenemos que saber que estamos haciendo una película sobre el cristianismo y ninguno de nosotros es cristiano". Aquí ni se juzga ni se desprecia al cristianismo, y de haberlo hecho, la película habría sido mucho más aburrida.
Usted es de Hamburgo, no procede de una familia artística... ¿De dónde le viene su faceta creativa?
Yo de pequeño practicaba muchísimo el juego del rol, en el que uno se sienta en una mesa con otras personas, imagina cosas y habla de lo que su personaje haría. Es fascinante, crea su propia historia, su propio mundo.
Le confieso que nunca entendí muy bien en qué consiste el juego del rol. ¿Es como un videojuego pero en la vida real?
Bueno, sí. Una persona crea una historia... Alguien dice que estamos en la época medieval, y que uno de los jugadores es un caballero y ve un castillo. Y otro jugador, otro personaje, le pregunta: ¿Y qué harías? Y el primero dice: "Entraría en el castillo". Y el personaje le replica. "Está cerrado, pero se te acerca una doncella. ¿Qué le dices?". En fin, no tiene un guión determinado, sino que la historia se va haciendo a través de los personajes, pero todo se hace a través del diálogo y de una forma invisible. El jugador de rol tiene la reputación de ser muy raro, el cliché de que no sale con chicas y le interesan más las espadas y los caballeros, y quizá sea verdad. Así que pensé: "Tiene que haber una forma de hacer esto de una forma profesional", porque crea adicción.
Y se fue a una escuela de cine.
Primero estudié escritura creativa en Alemania, luego guión cinematográfico, también en Alemania, pero me di cuenta que el proceso de la escritura es muy solitario. Veía a mis amigos que venían de rodajes, de la aventura, y al fin y al cabo, cuando yo escribía era como si ya hubiera hecho la película en mi mente. Así que me dije: "¿Por qué tiene que ser otro el que transmita la historia a los actores en vez de yo? Y me fui a estudiar dirección de cine a Estados Unidos. Creo que es injusto que el director se lleve toda la gloria cuando en realidad todo el trabajo genial viene del guionista, y el director lo traduce y se lo transmite al director de fotografía y a los actores. No sé cómo los directores se las han apañado para conseguir eso. Además, el director habla con otros, intercambia ideas, pero el guionista no, porque trabaja solo.
Es usted muy honesto. No todos los directores dicen eso.
Quizá no lo saben. No saben lo duro que es escribir en soledad porque no son guionistas, pero yo sí lo fui y sé lo difícil que es crear algo de la nada.
¿Y la técnica?
¿Qué técnica? Para eso tienes al director de fotografía. Lo importante es rodearte de un buen equipo. En la escuela de Los Ángeles, American Film Institute (AFI), mi primer equipo estaba formado por un montador hindú, un director de fotografía húngaro, un diseñador de producción chino, un guionista americano y yo, un director alemán, y todavía trabajo con ellos. Por ejemplo, el chino no utiliza el color púrpura porque en su cultura representa la muerte, así que ese color estaba vetado. De pronto, tienes que pensarlo todo y todas las decisiones creativas tienen que estar justificadas. De ahí aprendes mucho porque te lleva al consciente.
¿Le gusta el género del terror?
Sí, pero nunca me había visto como un director de terror. Lo que quiero son buenas historias y buenos personajes, pero, obviamente, ahora me llegan muchos guiones de terror. Mis dos próximas películas son Reincarnate, un thriller sobrenatural producido por M Night Shyamalan (director de El sexto sentido) y un remake de la película francesa Martirs, que es un gran guión, aunque muy violento.
Por último, ¿ha visto El exorcista?
(Ríe). Claro, me encantó, y por supuesto que es una referencia porque todos conservamos esas imágenes en la retina. Era importante que los protagonistas de mi película la hubieran visto, y de hecho, al principio de la cinta el predicador habla de El exorcista. Una gran película.

Wednesday, May 11, 2011

La personalidad múltiple es parte de la naturaleza humana, afirman

Por: EL UNIVERSAL
 MÉXICO, DF.- La escritora, conferencista y especialista en el cerebro humano, Rita Carter, sostiene que la personalidad múltiple forma parte de nuestra naturaleza. Esta idea la desarrolla en su libro Multiplicidad: La nueva ciencia de la personalidad, editado por Kairós.
"Es una guía práctica para identificar los diferentes caracteres que conviven en nuestro interior y hacer que funcionen en armonía", destaca Margarita Ehrensperger, psicóloga y directora del Centro Integral de Kinesiología Aplicada, vocera de la presentación del libro.
Según la autora, todo ser humano está conformado por varias personalidades, las cuales nos permiten adaptarnos a las diferentes situaciones que se presentan en la cotidianidad.
La persona actuará de una forma distinta ante cada una, asumiendo múltiples conductas; a esto se le conoce como multiplicidad.
En ocasiones, estas actitudes pueden ser negativas y traer consigo problemas físicos y psicológicos, por ello es pertinente que se identifiquen para eliminarlas y lograr un mejor comportamiento, según la escritora.
"La multiplicidad es un brillante mecanismo de la mente que nos ayuda a desenvolvernos en un mundo en transformación, al permitirnos cambiar el punto de vista y modificar nuestra conducta según la circunstancias", aclara Carter.
Por ello, para la especialista, dejó de ser una característica única de las personas con patologías psicológicas, pues los roles son necesarios y útiles en todos los seres humanos y están presentándose a cada momento de la vida.
"Después de muchas investigaciones científicas, Carter le quita la etiqueta de enfermedad a la multiplicidad; aunque no descarta que en algunos casos ésta puede resultar una patología, pero dependerá de los conflictos que genere en la persona", subraya Ehrensperger.
Multiplicidad: La nueva ciencia de la personalidad es una buena opción para abrir horizontes hacia la sicología moderna, cuyo principal objetivo es elevar el crecimiento personal y, por consiguiente, tener una vida plena y feliz.